¿Cómo seleccionar lámparas?

Por Eileen Rivera-Esquilín

Son las piezas que complementan una estancia. Las que, muchas veces, buscamos que no pasen desapercibidas y se convierten en punto focal. Las que cumplen una doble función: iluminar y decorar. Por eso, antes de decidirnos por una debemos evaluar una serie de criterios tanto funcionales como estéticos.


Opciones de lámparas en el mercado hay muchas. Desde las más clásicas o discretas que se instalan pegadas al techo, hasta los dramáticos ‘pendants’ de diferentes alturas que pueden ser tema de conversación en una sala o comedor, por mencionar algunas de las estancias principales donde se utilizan.


Uno de los elementos claves a tomar en cuenta antes de hacer una selección final es, su acabado y estilo. Me preguntaban recientemente si las lámparas deben estar relacionadas, sobre todo cuando hay áreas contiguas como sala-comedor y/o ‘family’-cocina. Mi respuesta es sí, deben estarlo, por lo menos en la mayoría de los casos.



Por ejemplo: si tienes un estilo de decoración moderno en casa, en esa línea deben estar las luminarias. Si predomina el acabado ‘stainless steel’ o cromado en mesas, sillas y cerraduras, pues esto debe repetirse en las lámparas. Claro, esto no quiere decir que no podamos crear contraste con la luminaria con base negra en el área de comedor o sala, por ejemplo. Si tenemos varias estancias seguidas, como las mencionadas antes, las llamadas áreas públicas o el espacio abierto de casa, y una de ellas es la más amplia, como la sala, pues ahí podemos colocar una lámpara diferente y amplia, mientras que las otras pueden ser más simples, con el mismo acabado y estilo similar, o de la misma “familia”.


Como siempre digo, las reglas están para romperse. Y no todo tiene que ser ‘matchy-matchy’, pero lo que definitivamente no luciría bien es tener una luminaria de base dorada en el recibidor, una de base cromada en la sala, una de base negra en el comedor y una de base blanca en la cocina.


¿Cálida o fría?

Otra consideración importante a tener en cuenta es si necesitamos o queremos luz cálida o fría, o sea, amarilla o blanca. La primera es la más utilizada en las principales estancias, tanto en luminarias principales de techo, como en las secundarias de piso o de mesa. Estas últimas, así como los ‘spots’ dirigidos, se utilizan para acentuar elementos. Recuerda, necesitas más de una fuente de luz en casi todas las estancias, no puedes depender solo de la de techo en sala, cocina, habitación o baño, por ejemplo.


Fotos Pixabay + Unsplash


Mientras, la luz blanca es perfecta para espacios o funciones específicas. Donde necesitamos enfocar la vista o hacer una tarea específica. Es decir, en baño de uso diario -no de visita-, en cocina, área de lectura u oficina, ’laundry’ o garaje. De hecho, en algunas estancias amplias con más de una función se pueden utilizar ambas, amarilla y blanca. La primera para el área de compartir y la segunda, en área de trabajo. La cálida se asocia con relajación y la fría, te ayuda a verte mejor y mantenerte activo.


Otras recomendaciones generales:

-Verifica qué usos le darás a cada espacio para saber cuántas entradas de luz vas a necesitar. Al tener las justas, vas a crear ambientes con matices.

-En baño o cocina, es mejor no tener una luz general justo encima de la cabeza. En el primer caso, es mejor los ‘apliqués’ que van junto al espejo (para iluminar bien el rostro) y en cocina, es mejor tener luz en la parte de abajo de los gabinetes.

-En estancias como el recibidor o el salón de estar, utiliza lámparas de piso o de mesa con ‘shades’ para matizar.


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